30 de marzo de 2026

Del micrófono al poder: el exrapero que ahora gobierna Nepal

La elección de un exrapero como primer ministro de Nepal marca un giro histórico en la política del país, reflejando el hartazgo de la ciudadanía hacia las élites tradicionales y su anhelo por un liderazgo fresco, cercano a las demandas sociales. A sus 35 años, este político emergente irrumpió en la escena nacional con una trayectoria poco convencional: primero como figura clave en las protestas de 2025, luego como alcalde de Katmandú —donde ganó con un discurso antiestablishment— y ahora como jefe de gobierno, tras renunciar a su cargo municipal para encabezar la coalición que lo llevó al poder.

Su ascenso no puede entenderse sin las revueltas que sacudieron Nepal hace dos años. En septiembre de 2025, una ola de manifestaciones masivas estalló contra el gobierno de entonces, acusado de corrupción, autoritarismo y, sobre todo, de una brutal represión policial. En solo 48 horas —entre el 8 y el 9 de septiembre—, las protestas dejaron un saldo trágico: 76 muertos y más de 2,500 heridos, según cifras oficiales. Los enfrentamientos más violentos ocurrieron el primer día, cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes, causando al menos 19 fallecidos. Un informe posterior responsabilizó directamente al entonces primer ministro y a su ministro del Interior, Ramesh Lekhak, por no actuar para evitar la masacre, lo que aceleró su caída y la convocatoria a elecciones anticipadas.

Fue en ese contexto de crisis donde el ahora mandatario encontró su oportunidad. Su participación activa en las protestas, sumada a su imagen de líder joven y rebelde, le permitió conectar con un electorado harto de la clase política tradicional. Durante su campaña, prometió transparencia, reformas profundas y un gobierno alejado de los vicios del pasado, algo que resonó especialmente entre los jóvenes y las clases medias urbanas. Su victoria no solo simboliza un cambio generacional, sino también la búsqueda de alternativas en un sistema que, durante décadas, ha sido dominado por los mismos partidos y figuras.

Sin embargo, el desafío que enfrenta es enorme. Nepal sigue siendo un país con profundas divisiones étnicas, económicas y regionales, además de una frágil estabilidad institucional. Su experiencia previa como alcalde de Katmandú —donde implementó proyectos de movilidad y participación ciudadana— podría ser un punto a favor, pero gobernar un país requiere habilidades distintas a las de gestionar una ciudad. Además, deberá lidiar con las expectativas de quienes lo ven como un salvador, mientras navega las presiones de una coalición política diversa y, en muchos casos, con intereses contrapuestos.

Lo que está claro es que su llegada al poder refleja una tendencia global: el rechazo a las élites y la demanda de líderes que representen un cambio real. Si logra traducir su carisma y discurso en acciones concretas, podría consolidar una nueva era en Nepal. De lo contrario, el riesgo de desilusión es alto, y con él, la posibilidad de que el país vuelva a caer en el ciclo de inestabilidad que tanto ha costado superar.

Prev Post

Herencia y exilio: la diáspora coreana a través de sus memorias ocultas

Next Post

Espectacular hallazgo en Calakmul: el tapir, octava víctima del Gusano Barrenador en la selva

post-bars
Mail Icon

Newsletter

Get every weekly update & insights

[mc4wp_form id=]

Leave a Comment